Primera Semblanza (Años 70's)

Fue mi inolvidable amigo Juan José Zapién (Q. e. p. d.) quien me trajo al "CITLALTÉPETL"; constantemente me invitaba a salir con el Club, ponderándome las virtudes de la gente que ahí excursionaba, pero yo me resistía pues nunca me habían gustado los clubes grandes, pensaba que los intereses eran muy diversos por lo que la unificación de criterios se constituía en un problema. Proveníamos de un grupito llamado Yol-Ha, pero que como siempre sucede, poco a poco se desintegró por falta de continuidad y entusiasmo, así que ya a últimas fechas prácticamente había que rogarles para que salieran. Como decía, los Clubes grandes nunca me convencieron no obstante había salido con el España, Orfeo Catalá, INJUVE, Castores SCOP y otros, pero nunca me amoldé a ellos, así que temeroso y aburrido de la situación del Yol-Ha acepté salir: fue al Pico de Orizaba, allá por febrero de 1973, iba con Dulce mi esposa y Enrique Cancino, a la postre muy amigo del Club. Todavía tenía un Jeep y con él llegué hasta Piedra Grande, en la Cara Norte del "Pico". Los del Club ya habían acampado pues llegaron desde medio día, nosotros llegamos casi oscureciendo y con un aire frío bárbaro.

Allí conocí a Carlos Carsolio quien me ayudó a montar el campamento, me acuerdo que ya oscuro y con el viento aullando nos dijo que nos metiéramos pronto al sleeping porque la temperatura había descendido a 5°C. Nuestra tienda no era de alta montaña, así que nos "pelábamos" de frío, por más esfuerzos que hacíamos por calentarnos, el viento nos tiró dos veces el poste, con la consiguiente "danza" para levantarlo de nuevo. Pepe Zapién nos vino a decir que saldríamos a las 3 a. m., pero yo empecé a "salir" desde antes, porque me enfermé del estómago, para variar. El aire cesó y salió una luna bellísima, pero el frío siguió igual, el Volcán se despejó y la noche estuvo espléndida; todo pude apreciarlo debido a las constantes "asalidas" de la tienda. Cerca de las tres, Zapién y Carlos se me acercaron, me alumbraron la cara y secamente Carlos le dijo a Pepe que no subiera, que tenía muy mal aspecto.

Me introduje en la tienda y le dije a Enrique y a Dulce que se fueran y yo los esperaría, pero ninguno de los dos quiso dejarme. Insistí, pero quedaron en lo mismo. Habíamos estado entrenando y veníamos del Izta, ocho días antes, pero se sacrificaron por quedarse conmigo.

"Las montañas no se van, así que volveremos" dijo Enrique. Pero lo más curioso es que ninguno de los dos ha vuelto.

Al otro día me regresé a México donde me recuperé, Pepe me platicó la ascensión y me volvió a invitar, pero nuevamente me negué: tenía muy mal recuerdo de la "primera" con el Club.
Pero no sé por qué causa ya estaba en otra, y fue precisamente al Tamazo, y fue también cuando oí por primera vez el término "Carsoliada".

No conocía a nadie, pues a la mera hora Pepe Zapién no fue; me acompañaban Dulce, Olga y Eduardo Sierra, mis cuñados, así que llegamos delante de Atlautla y a caminar y a regar gente.

Seguirle el paso a Carlos fue la muerte, así que "tronamos" pero continuamos por buen camino, porque siempre nos encontrábamos un rezagado que nos decía por dónde; ahí conocí a Jorge Pérez, que alcanzamos deambulando, más muerto que vivo, estaba muy jovencito; ¡quién iba a pensar que se iba a constituir en tan buen montañero. Las "Lupillas" estaban hermosas y muy grandes, aunque "mojaban" bastante; pero al llegar cuál sería mi sorpresa cuando me anunciaron que era hora de volver. Me rebelé y me puse a hacer la sopa, y hasta que no hube terminado regresé, con una que otra perdida para que la carsoliada fuera completa. Ya casi oscuro llegamos al camión, pero no salimos de inmediato, pues Carlos tuvo que volver a buscar a unos rezagados. En esta excursión conocí a Gastón Almada, traía un sombrerote de palma fina y con el sonsonete de norteño me preguntaba qué haría un hijo del desierto entre estos pinares.

En cuanto pude le "eché la viga" a Zapién por la excursión a la que me mandó. Y para variar a los pocos meses salió la del "Citlaltépetl" al "Aconcagua" y me invitaron, pero yo decliné a sabiendas de mis limitaciones, para tan grande empresa.

Pero se me ocurrió ir a un entrenamiento al Izta, que salió de lo peor. Bajo una tormenta iniciamos el ascenso, serían las 7 p. m. y al llegar al primer "Portillo" nos encontramos a Enrique Cancino que se regresaba; me dijo que no íbamos a poder, que el viento y la nieve nos harían volver. Lo que después siguió fue indescriptible, sólo lo viví otra vez en el Chimborazo.

Viento, nieve, agua, frío, unos se regresaron, otros se pusieron mal, Carlos no se cubría la cabeza y su cabello semejaba una medusa, por el hielo fijado en él.

Cuando llegamos al "Iglú" no pudimos entrar, porque a algún irresponsable se le olvidó cerrar la puerta, y ésta se había arrancado, llenándose todo el albergue de nieve; así que bajamos al República de Chile, en el que tardamos más de media hora para quitar la nieve de la puerta. Al entrar era la 1.30 a. m. y la tormenta se había acabado como por encanto. Uno a uno fueron llegando los que después constituirían la expedición; recuerdo a Walter, Federico, Armando González del Pliego, Marco A. Cortés, Pepe Zapién, Carsolio y Herlinda de la Torre, con quien era primera vez que empezaba a tratarla más a fondo. Al otro día y después de una noche de perros totalmente "empapados", nos quedamos en el refugio Herlinda y yo, los demás intentaron el "Pecho". Yo subí solo hasta las rodillas y regresé a esperarlos. Al llegar al camión me dijo Pepe Zapién: "Después de ésta ya sólo te queda ser socio".

Y me dio una solicitud que sacó no sé de donde, no tuve más remedio que firmarla, y nunca me he arrepentido.

Dr. Nicanor Gorráez G. febrero de 1973

Club Citlaltépetl de México A.C.
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