En los años 50s

Reminiscencias del Ing. Santiago de la Torre G. (1970)

Muchos de los actuales socios del club nacieron precisamente durante la década de los años cincuenta, otros, eran aún muy pequeños y su mundo estaba confinado a los límites de su hogar, otros miembros ya eran adultos, pero desconocían la existencia del Club Citlaltépetl de México; para todas estas personas y alguna más que guste de recordar cosas del pasado van dirigidas estas reminiscencias y anécdotas sucedidas hace veinte años. Estas narraciones constituyen parte de la historia de nuestra Institución y el recordarlas tiene por objeto enlazar espiritualmente a personas separadas por el espacio y el tiempo, pero fuertemente identificadas por ideales, predilecciones y sensibilidades.

Las apreciaciones y puntos de vista expuestos a través de estas líneas, constituyen relatos de primera mano, en los cuales el autor fue testigo presencial de los hechos mencionados y quizás en ello resida su único valor para el lector que desea situarse en esta bella época de nuestro Club Citlaltépetl de México, A. C.

Se inicia una década

En una de las muchas mañanas de los últimos años de la década de los años cuarenta, el correo de México hizo entrega, a cada socio del Club, una circular cuya redacción invitaba a participar en una reunión plenaria urgente para tratar temas de carácter político, cuyo objetivo principal era terminar con la "Dictadura" que durante los últimos nueve años había sostenido don Álvaro J. Moreno; la verdad era que durante esos nueve años de dictadura, el Club había alcanzado tal madurez política y económica que ya podía darse el lujo de tener su propia revolución, sin correr el riesgo de sufrir un colapso; en cierta forma la "Revolución" que se gestaba era hija natural de la "Dictadura".

El movimiento rebelde había estallado; la férrea dictadura de don Álvaro se enfrentaba, por primera y última vez, a un problema tan singular. Después de una serie de reuniones, entrevistas y aclaraciones surgió, como sacada de la manga de un mago, la heroína revolucionaria y con ella las faldas macizaron el movimiento y se impusieron: existía el antecedente de que la dictadura había renunciado a una bella damita, socia del club, considerándola poco adaptable a las características propias del Citlaltépetl; en cambio, para el grupo revolucionario, nuestra atractiva amiga era totalmente asimilable a las costumbres establecidas y en virtud a ella no debería ser eliminada de la membresía activa de la Institución.

La situación fue hábilmente manejada y en poco tiempo la dictadura se desplomó; la estructura política del Club Citlaltépetl de México cambió súbitamente de una dictadura paternal a una democracia dirigida, a la conocida usanza del P.R.I. y la ganancia inmediata fue que el Club Citlaltépetl se México se institucionalizara ante la fe de un notario público, adquiriendo la personalidad jurídica de Asociación Civil, quedando así protocolizados los estatutos y reglamentos aún vigentes. El primer presidente designado por la Junta Revolucionaria fue el señor ingeniero don Francisco Cravioto Garduño, en funciones el bienio 1949-1950.

El triunfo de la Revolución permitió que se iniciaran las excursiones dominicales que se habían suspendido por breve lapso; los socios del grupo vencedor organizaron una excursión de grupos unidos para iniciar actividades y festejar el éxito logrado. Se abrió la inscripción y cuál no sería la sorpresa al constatar sus incrédulos ojos que los primeros en anotarse y reservar lugar en el camión eran precisamente ¡el depuesto dictador y todos sus más fieles colaboradores y amigos! En esa memorable excursión compartieron el aire, el sol, el esfuerzo y el logro vencedores y vencidos; ambos grupos demostraron que muy por encima de las discrepancias políticas existe una relación humana que es característica común de toda persona bien nacida.

Así las cosas, el Club continuó con sus habituales actividades deportivas y sociales, cumpliendo la función para la que fue creado. El domicilio social del Club cambió de la diminuta oficina de Madero 42 (edificio hoy desaparecido) al despacho 211 de la calle de Palma No. 33, local oficial del Centro de Ingenieros, A. C., los inquilinos de este local nos subarrendaron sus instalaciones para poder usufructualas únicamente los viernes por la tarde, incluyendo el servicio telefónico. El local era muy amplio, siempre limpio, con mobiliario muy sobrio, de excelente madera, pero. . . .

El Club entró al año de 1950 con grandes inquietudes, proyectos ambiciosos y una gran fe en su capacidad de adaptación hacia el futuro.

Los socios

La membresía del Club, en esa época, estaba constituida por personas adultas, muchas de las cuales frisaban en la ancianidad; la presencia de niños era nada apreciada, si se considera la natural molestia que implica a la comunidad la atención que demanda un infante. Buena parte de estos socios eran profesionistas, diplomáticos o destacados banqueros, su conversación era sumamente amena, instructiva y culta, y considerando el punto de vista económico, todos ellos disfrutaban de un gran potencial económico, que fue demostrado repetidas veces durante los varios empréstitos que se solicitaron para la compra de los camiones del Club.

Dentro de la estructura del Citlaltépetl, el grupo con mayor actividad deportiva estuvo constituido por socios de origen alemán, suizo, italiano y francés; la disciplina y respeto mutuo que ha caracterizado al Club Citlaltépetl de México, A. C. fueron acrecentados y consolidados por este selecto grupo de socios europeos.

La presencia de miembros de avanzada edad no implicaba que las excursiones carecieran de esfuerzo y calidad; todo lo contrario, estos viejos excursionistas disfrutaban de una fortaleza y espíritu deportivo que en ocasiones superaban el esfuerzo desplegado por otros socios bastante más jóvenes que ellos, dando la impresión de no fatigarse jamás: siempre llegaban a la cúspide a tiempo, y muy enteros en su persona. Los regresos vespertinos eran calmados y certeros, muy rara vez hubo que esperarlos. La práctica de escalar rocas y nieve, con ayuda de cuerdas, era ignorada y, a decir verdad, a nadie hacía falta; con las excursiones regulares de alta y media montaña, la institución cumplía con sus funciones y capacidad física de sus socios.

Durante el primer lustro de los años cincuenta, la composición cronológica humana del Citlaltépetl se fue modificando sustancialmente y para mediados de la década el Club rebosaba de gente joven, no niños, conservando además el contingente de personas adultas que eran en sí una valiosa contribución de respeto, prestigio y solvencia económica; obviamente este cambio afectó la programación de excursiones, iniciándose una serie de actividades deportivas más ambiciosas, congruentes con los anhelos y pujanza física de los socios jóvenes.

Los noviazgos empezaron nuevamente a florecer en los huertos del Club Citlaltépetl de México y los frutos de esta actividad, que se había adormecido por algunos años, ya que entre adultos y ancianos sólo presenciamos una que otra escaramuza de poca monta, son en la actualidad felices matrimonios que constituyen buena parte de la membresía familiar de la institución. Muchos de los actuales directivos y estrellas deportivas del Club ingresaron precisamente en el transcurso de los años de esta inolvidable década de los años cincuenta.

Últimas consideraciones

El número de eventos que suceden a través de una década es infinito; suficiente como para escribir gruesos volúmenes. Sin embargo, las personas únicamente memorizan con fidelidad aquellos que por su motivación son dignos de evocar; si a esta cosecha de recuerdos se le pasa por el cerrado tamiz del tiempo -veinte años después- el número de sucesos quedará reducido exclusivamente a los de mayor consistencia.

Si en el contexto de este documento se tratara de compendiar todos aquellos recuerdos consistentes, vividos dentro del ambiente del Club Citlaltépetl de México, A. C., el número de páginas sería enorme; en ellas aparecerían cientos de personas, lugares, situaciones, estados de ánimo, etc. La verdad es que aquellas personas que por muchos años han pertenecido a esta noble Institución, están colmadas de amables recuerdos y pueden, en el momento que les plazca, soñar despiertos; este placer es un privilegio que disfruta todo aquel que ha sabido vivir la vida.

Es un deseo el que las actuales generaciones que pertenecen al Club Citlaltépetl de México, A. C., dispongan de estos bienes emocionales que tan agradables remembranzas les brindarán al paso de los años, y que vienen a ser parte de la importancia del vivir.

Club Citlaltépetl de México A.C.
Córdoba 235 Col. Roma C.P. 06700 Ciudad de México, México.Tel. 5264 32 58 y 5584 14 97
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