Ascensión al Pico de Orizaba

Marzo de 1929
Por: Salvador Hernández Barrón
(5762 metros de altura sobre el nivel del mar)

De acuerdo con lo fijado en el programa de excursiones del mes de marzo último, se efectuó en Semana Santa la excursión reglamentaria al Pico de Orizaba; (Citlaltépetl).
Debido a los sucesos políticos hubo poca asistencia de excursionistas, pues la mayoría que gusta de las volcanadas se abstuvo de concurrir, temiendo un asalto del que afortunadamente estuvimos a salvo, porque la región del volcán se halla completamente segura. Sin embargo, para evitar una sorpresa, las autoridades del Estado de Puebla, nos recomendaron con las de Chalchicomula y éstas con las del Barrio de San Francisco, el último pueblo que está junto a la sierra del Pico de Orizaba. El C. Juan Carrasco, Presidente provisional de Chalchicomula, tuvo especiales atenciones para los excursionistas; el C. José Bautista, Jefe de la Defensa Social del Barrio de San Francisco, proporcionó gente armada, para que nos acompañara hasta "La Cueva del Muerto”; el C. Aurelio Vázquez, buen amigo mío, nos recibió espléndidamente alojándonos en su casa y, en unión de su esposa, nos atendió y nos dio muchas facilidades. Reciban todas estas personas por medio de "El Excursionista", nuestros sinceros agradecimientos.
Nuestra pequeña caravana estuvo compuesta por los siguientes señores: Manuel Reta Alducin, Juan Lemaistre, Alfredo Gómez Tagle, Macedonio López W. Kraft, Herman Kohker y el que esto escribe; además, del Barrio de San Francisco nos acompañaron varias personas, cuyos nombres siento no recordar para consignarlos en ésta reseña, así como el guía, Raymundo Hernández, tres serviciales muchachos, que hicieron de mozos y los arrieros correspondientes.
Salimos del Barrio de San Francisco a las ocho de la mañana del viernes 29 de Marzo, rumbo a la Cueva del Muerto, a donde arribamos a las trece horas. Se descansó suficiente y después de comer, el Señor Reta armó su tienda de campaña junto a la Cueva. A las 23 horas (11 de la noche) se dio la orden de arreglarse, habiendo salido la caravana una hora y diez minutos después rumbo al Cargadero, donde abandonamos los animales. La falta de nieve, por el lugar acostumbrado para escalar la montaña, (pues el lado Norte siempre tiene hielo), hizo muy difícil la ascensión y a las cinco de la mañana estuvimos muy cerca del "Arrepentimiento", pero un frío intensísimo, nos obligó a esperarnos horas hasta que los primeros rayos del sol calentaron nuestros miembros entumecidos; cuando el sol nos pegó de frente, que fue a las siete de la mañana, un grito de entusiasmo salió de nuestras gargantas y nos detuvimos a contemplar los bellos paisajes de nuestros alrededores. Al Oeste, a nuestras espaldas, la sombra del majestuoso Pico de Orizaba, como en una pirámide triangular; al Noroeste en miniatura y muy abajo de nosotros a lo lejos se destacaba en la serranía el Popocatépetl y a sus pies la Mujer Dormida (Iztaccíhuatl) y más cerca la Malinche de Tlaxcala; al Este, tuvimos la oportunidad de contemplar uno de los espectáculos más hermosos e imponentes y que sólo deja sorprender la Naturaleza al que se atreve a escalar aquellas alturas; un mar bravío formado por las nubes, que a los primeros rayos del sol se tiñe de mil colores e instantáneamente toda su superficie se encrespa en olas colosales, entrando en movimiento tumultuoso toda aquella masa, como el Océano azotado por una borrasca. Por un lado se levantan montañas tan blancas como la espuma, por otro se abren abismos insondables; allí dos olas monstruosas entrechocan esparciéndose sus vapores en la atmósfera; más allá se levantan remolinos de átomos impalpables, y por todas partes bulle y se agita aquella masa nebulosa. Mientras más adelante el Sol, el movimiento crece en rapidez y se convierte en vertiginoso, impulsando nubes, de dimensiones colosales; por último sólo se perciben trompas imponentes que ascienden hacia el cielo para desvanecerse en el espacio. Unos minutos más, y aquel mar quedó convertido en una gasa, a través de la cual se contempla la serranía en todo su esplendor; otro rayo de Sol, y sólo quedan unos cuántos girones de nubecillas reclinados en las cimas de las montañas. Estuvimos extasiados contemplando estas maravillas más de una hora, que nos parecieron unos segundos. Seguimos subiendo y al llegar al "Arrepentimiento" pudimos ver que en un camino paralelo al nuestro, pero como a quinientos metros de distancia, en la cañada Suroeste, estaba un joven accidentado, de los que suben por Orizaba. Los señores Manuel Reta Alducin y Macedonio López, desafiando el peligro fueron en su auxilio, pues de otra manera hubiera perecido. Ya de regreso, supimos que dicho joven se llama Daniel Morán y pertenece al Grupo Águila Roja "Yute", de la Unión Deportiva de Orizaba. La desgracia se debió a que dicho joven, imprudentemente, bajó antes de que sus compañeros llegaran a la cima y que éstos al ir subiendo desprendían rocas y más rocas que en su bajada adquieren una velocidad espantosa y seguramente una o varias rocas le hicieron perder por algunos momentos la razón. Según los compañeros que lo auxiliaron, cuando estornudaba arrojaba gran cantidad de sangre por la boca, nariz y oídos. Ojalá que este incidente sirva de ejemplo a los grupos que por ahorrar unos cuantos pesos, suben sin guías, pues éstos guías a causa de sus frecuentes, ascensiones tienen bastante práctica en evitar el peligro.
Llegamos a la meta, o sea "La Cruz de Hierro", solamente los señores Juan Lemaistre, Alfredo Gómez Tagle, Herman Kolhker y el que esto escribe. El señor Lemaistre llegó a la cima de la montaña a las cinco y media de la mañana, junto con todos los vecinos del Barrio de San Francisco que no quisieron esperar a que el sol saliera, pero como es natural bajó muy agotado y no pudo saborear el paisaje como nosotros que llegamos poco a poco sin grandes esfuerzos a las diez y quince minutos de la mañana.
A las 17 horas, estuvimos de regreso en "La Cueva del Muerto"', muy satisfechos de nuestra ascensión y a las 20:30 horas del domingo 31 de marzo de 1929, en la ciudad de los Palacios, como le llamó el Barón Alejandro Von Humboldt.

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