2015 México, ascenso al Picacho del Diablo

La aventura al picacho del diablo fue realmente aleccionadora, en muchos sentidos: reto, amigos, terreno, resistencia, equipo, pasión, etc.

Habíamos visto un video sobre el picacho del diablo, que Jorge Luengo “el primo” había mandado, en el se veía al picacho muy sencillo sin mucho reto y por lo tanto no había que entrenar mucho, por supuesto entrenamos pero sin mucha importancia, obvio el picacho nos cobro la factura, no sabíamos lo que nos esperaba.

Después de reunirnos todos en el aeropuerto, comer unas langostas gigantes frente al mar pacifico, visitar el observatorio astronómico (el mas importante de México) y pernoctar en unas cabañas de madera (nuestro ultimo lugar cómodo) salimos al día siguiente rumbo a nuestra gran aventura.

Hicimos una caminata de 6 horas aprox. Para llegar a botella azul, nuestro 1er campamento, Cargando a nuestras espaldas una mochila de entre 20 y 30 kilos o mas, dependiendo quien llevara las casas de campaña o la comida “gourmet” el peso era demasiado y después de unas horas de caminar se siente mas pesada, como si cada hora le agregara mas peso a tu espalda, aun así el camino era plano nada escarpado ni piedras que sortear, entre pinos y arboles de alamillo que inesperadamente formaban un bosque amarrillo; llegamos finalmente a botella azul, armamos nuestro campamento, comimos algo y subimos a la pequeña cima, y de ahí contemplamos lo majestuoso de la sierra de San Pedro Mártir, enfrente teníamos al imponente picacho del diablo, un macizo de piedra, que Tati nuestro guía nos explico que dicha formación es toda de Batolito…


Vimos el cañón del diablo allá al fondo por donde teníamos que salir, y vimos muy al fondo un manchón verde que era Campo noche, lugar al que teníamos que descender para hacer campamento, descansar, dormir y de ahí intentar la cima del picacho; a simple vista el cañón se veía un barranco pero si ya detenías la mirada y lo recorrías poco a poco, te dabas cuenta que era impresionante, estaba muy al fondo flanqueado por ambos lados de enormes montañas escarpadas, era muy largo, tanto que se perdía tu mirada, y entonces empezabas a intuir que seria un descenso agotador, del otro lado podías apreciar a lo lejos el mar de cortes, y antes de este, el desierto del diablito que era a donde teníamos que llegar para ser rescatados y salir del lugar.


Al día siguiente del campamento en botella azul, empezamos a descender rumbo a campo noche, era una bajada todavía no agotadora, aunque si pesada por el equipo que llevamos, había que ir con cuidado, las pesadas mochilas en la espalda hacían que fácilmente se perdiera el equilibrio y una caída ahí era peligrosa, seguro algunos nos llevamos unos raspones, o mas bien empezábamos a acumular esos muchos raspones que al final del viaje nuestro cuerpo dio muestra de ello. Y esto ultimo es cierto acabamos como tigres en el picacho, todos rayados y moreteados, nuestra querida amiga Lu, era la mejor exponente de lo que digo.



Finalmente campo noche, a descansar y recuperar fuerzas que al día siguiente en cuanto saliera el sol, algo así como a las 6:20 de la mañana empezaríamos a ascender el gran Picacho del diablo, a eso íbamos, por eso nuestra gran aventura que organizo Juan Carlos Chávez, y nos sumamos encantados; Solo mochilas de ataque agua y comida, y muchas ganas de subir, de hacer una cumbre mas con el Club Citlaltepetl, y con los amigos de muchas expediciones.

El ascenso fue emocionante, sorteando enormes piedras de batolito, apreciando las majestuosas vistas que se nos presentaban, escalando rocas de granito, filosas, que al roce de nuestras manos iban desgastando los guantes que llevamos, o la piel que semanas después seguirían cambiando en las palmas de nuestros compañeros, hay unos pasos realmente increíbles como el Wallstreet, quizás unos 10 metros de roca empinada que la única manera de escalar era ir en cuatro y agarrándote de donde pudieras, un resbalón ahí era nada deseable, algunos que dominaban la técnica de la cabra subían como tal…


Siempre que vas cuesta arriba, miras al frente y te preguntas cuanto faltara, si ya casi llegamos, siempre es algo engañoso poder calcular, pasa mucho en la montaña, las dimensiones y distancias son traicioneras, nunca es realmente lo que parece, llegar a un punto que fijas, a una roca o una pequeña colina te puede tomar horas de camino, Así que solo era seguir al guía, apoyar a tus compañeros, y seguir subiendo que aunque no llevábamos peso, las horas de fatiga mágicamente si te las agrega.

Finalmente podíamos ver la cumbre del picacho del diablo estábamos ya a 3,900 metros de altura, solo era subir un poco mas, dar la vuelta a unas rocas y estabas en la cima, es indescriptible lo que se siente, supongo mucha emoción y satisfacción, abrazas a tus compañeros, gritos de alegría, felicitas y recibes felicitaciones de haber hecho cumbre, una vez mas...

A esta altura y sin otra montaña cerca puedes ver el hermoso paisaje que se abre a tus ojos, puedes pasarte minutos tratando de asimilar y atrapar la inmensidad de la naturaleza, vez a allá al fondo muy al fondo campo noche de donde venimos, observas que empinado esta el ascenso y puras rocas y te vienen a la mente las horas de subida, de lo que costo y satisfecho sonríes, por que lo has hecho, lo has logrado una vez mas, observas una y otra vez el cañón del diablo por donde vamos a salir, y como ya mencione las montañas escarpadas que están en ambos lados, una y otra vez observas el horizonte, parece que ves el Mar Pacifico, por supuesto ves el mar de cortes y el desierto del diablito, ahora puedes ver con mas detalle la ruta Toledo, que ya nuestro guía nos había comentado, un cañón para descender, pero que nada mas de verlo suspiras, porque es demasiado escarpado, muy empinado, se necesitan cuerdas, y algo mas… definitivamente es para expertos. Y mas aventureros que nosotros.


Tratas de tomar la mejor foto que puedes, foto de cumbre, tu y el picacho, la selfie, tan de moda ahora…; Juan Carlos Chávez nos convoca a brindar, muy atinadamente subió una botella de vino, festejamos, nos lo merecemos, comemos algo, ultimas fotos y vistas y ya hay que empezar a bajar serán la 1 o 2 de la tarde pero hay que regresar antes que nos agarre la noche, y sea entonces un problema el descenso.

El campamento de campo noche le hace honor a su nombre, antes que se oculte el sol allá abajo ya esta obscuro, esta al fondo del cañón, y en medio de 2 montañas que hace que ya no le de nada de luz y la noche caiga mas temprano de lo normal; la parte buena es que de ahí puedes ver el cielo estrellado, las estrellas muy definidas, la vía láctea clara y blanca en toda su extensión, realmente vale la pena ver el cielo desde ahí. Pocos lugares tienen esa vista majestuosa.

El descenso es complicado, peligroso por las piedras resbalosas, un mal paso puede quebrarte el tobillo, sacarte de ahí seria una tragedia, 3 días mínimo, de alguna manera puedes arruinar la excursión; para algunos compañeros y compañeras realmente es su “coco” le tienen miedo descender, no entienden que para bajar de algunos tramos solo hay que desescalar, como sea entre pisa aquí y pisa allá, vamos ayudando y cuidando que todos vayamos al mismo paso, ya casi nadie habla, el cansancio se ha apoderado de nosotros, una clara señal de que ahora si vamos cansados, pero concentrados y quizás ya un poco fastidiados, llevamos buen paso no queremos que las noche nos alcance, no hay camino bien marcado, (No es exactamente el mismo camino por donde subimos hay partes que tenemos que ir por otro lado) hay que abrir brecha los pasos están ocultos, obscuro y aun con lámparas seria complicado bajar. Casi obscureciendo llegamos finalmente a campo noche, festejamos, nos merecemos una buena cena, nos merecemos un buen descanso, pensamos que lo mas difícil ya lo habíamos hecho, que ya habíamos subido al picacho del diablo y ahora solo es descender por el cañón y salir, que equivocados estábamos, no sabíamos lo que nos esperaba.

Salir del Cañón del Diablo

Tati nuestro guía decía que 6 horas de caminata, hacíamos campamento y al otro día 11 0 12 del día ya estábamos afuera, que ilusos, porque fueron 2 días completos para poder salir del cañón el 1er día caminamos 10 horas cargando las mochilas, con todo el equipo de campamento, caminábamos a orillas del rio, sobre brechas, no había señal de que alguien recientemente hubiera pasado, teníamos que abrir camino, buscar por donde pasar, aquí nuestro compañero Alfredo Carsolio, dio muestras de sus dotes de sabueso para encontrar el mejor camino, a veces los 2 íbamos, cada uno por un extremo del rio para abrir camino y que todos pudieran pasar sin tanta complicación, después de 10 horas de camino y casi anocheciendo paramos en un lugar cualquiera para poder dormir y descansar, y en verdad era un lugar cualquiera algunos quitamos yerbas, piedras, otros acamparon encimas de las rocas, en medio del rio, donde se viera mas o menos bien, pero es que además no había donde, eran pocos los lugares planos donde poder dormir, habíamos caminado mucho ya estábamos exhaustos todos, alguien de plano lloro, era entendible, da sentimiento. Una mezcla de cansancio, alegría, y quizás soledad esa que sientes cuando estas en un lugar lejano y además único.

Al día siguiente, muy temprano 7 de la mañana empezamos a caminar, con la esperanza de llegar al punto de encuentro 11 o 12 del día, para entonces ya estábamos tronados, Arturo uno de los mas fuertes y que había entrenado mucho, ya iba muy despacio, en general nuestro ritmo de marcha era lento, 5 días de caminata ya habían hecho lo suyo, para entonces la comida ya era escasa, si no es que nula para algunos, este segundo día caminamos 9 horas, no veíamos fin a nuestra marcha, golpes de calor, algunos ya deshidratados, agotados, nuestro caminar era lento pero constante, curioso pero algunos compañeros ya no hablaban de plano,

ya casi al final del cañón hay un paso llamado el cruce del péndulo, donde no hay de otra que pasar corriendo agarrándote de una de una cuerda, era peligroso y divertido, porque el que se cayera, caía inevitablemente a la poza de agua, 3 compañeros cayeron, salvamos a otros, afortunadamente ese paso esta grabado en videos y al final se ve divertido.

Finalmente salimos del cañón, se sentía el calor mas intenso, sofocante, no era para menos estábamos entrando al desierto del diablito, hermoso!!! unos cactus gigantescos, después de 9 horas de camino, saber que ahora si ya estábamos en la recta final hacia que nos envolviera una emoción de jubilo; para salir de este desierto es necesario hacerlo por camioneta, son mas de 40 km para cruzarlo y se pierde fácilmente la orientación, simplemente te pierdes y como ya vienes medio muerto peor.

Después de casi 2 horas llegamos a la carretera, nos esperaban unas cervezas, mucha agua y 80 burritos que devoramos en un santiamén.

Recuerdo que en todo el camino desde que salimos de las cabañas hemos ido platicando con todos, empiezas a conocer mas de cerca a la “vieja guardia” del citla. (Jorge Luengo, Enrique Luengo, Juan Carlos Chávez, Enrique Anaya) Compañeros de muchas décadas en el club, que poco a poco te van soltando anécdotas, historias, excursiones, retos, y entonces sabes que eres de su misma especie, mismo espíritu aventurero y que lo que has hecho se queda corto con sus vivencias, por supuesto es motivante escucharlos, divertidas las anécdotas, chuscas, épicas; y algo importante te das cuenta que ellos también quieren al club citlaltepetl; y que el club es hoy lo que es, gracias a ellos, y a muchos socios mas, por sus aportaciones, tiempo, imaginación, y mas…

Comentaba al principio que esta aventura fue aleccionadora, subestimamos al picacho, tuvimos que haber entrenado mucho, haber hecho caminatas largas y además con peso, no la hubiéramos sufrido tanto, aleccionadora porque los amigos están ahí y sabes que somos compañeros de esta aventura y muchas mas que vienen y que esa amistad hay que cuidarla, muchas lecciones nos dejaron la vieja guardia del citla, de ver la vida divertida, de hacer muchos viajes, y deseas llegar a su edad haciendo excursiones todavía, que la vida tiene mucho por exprimir, y lo mejor, su pasión por el club y la aventura.

Me quedo con el grato recuerdo del picacho del diablo como una de las pocas experiencias que te enriquecen la vida.

Participantes: Enrique Luengo, Juan Carlos Chávez, Enrique Anaya, Jorge Luengo, Lourdes Botello, Karla Ruíz, Javier González, Carlos Fernández, Diego Bueno, Alfredo Carsolio, Sandro Sánchez, Marco Antonio Pérez, Norma Isela García, Arturo Esquivel y Joaquín Herrera.

Reseña: Sandro Sánchez

Club Citlaltépetl de México A.C.
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